Colombia ante la cuenta regresiva: 150 días para blindar su comercio con Estados Unidos

Mar 1, 2026 - 17:55
Colombia ante la cuenta regresiva: 150 días para blindar su comercio con Estados Unidos

El anuncio de un arancel universal del 10% por parte del presidente Donald Trump, con la amenaza de elevarlo al 15%, coloca a Colombia en un periodo crítico de cinco meses. Según análisis de AmCham Colombia, el 67.8% de la canasta exportadora podría estar exenta, pero productos clave como flores, aceite de palma y transformadores eléctricos, que representan el 28.4% de las ventas, ya están gravados. Expertos advierten que, aunque el TLC sigue vigente, este recargo de emergencia se superpone a sus beneficios, encareciendo los productos colombianos frente a competidores como México y Canadá. La ventana de acción se cierra el próximo agosto.

Un anuncio que redefine las reglas del juego comercial

Tras un fallo judicial que limitó su política arancelaria, la administración del presidente Donald Trump ha respondido con una medida de amplio espectro: un arancel del 10% aplicable a todos los países con los que Estados Unidos mantiene relaciones comerciales. Anunciado el viernes 21 de febrero de 2026, este gravamen se fundamenta en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, la cual permite al mandatario imponer tasas de hasta el 15% por motivos de balanza de pagos. Aunque la formalización mediante proclamación ejecutiva está pendiente, la medida ha activado las alarmas en las economías exportadoras hacia el mercado norteamericano, introduciendo un nuevo nivel de incertidumbre en los patrones globales de comercio.

El mapa de exenciones y gravámenes para Colombia

Un análisis preliminar de la Cámara de Comercio Colombo-Americana (AmCham Colombia) traza un panorama matizado para las exportaciones nacionales. Según sus cifras, un 67.8% de la canasta exportadora colombiana podría escapar potencialmente del recargo. Dentro de este porcentaje, un pequeño grupo de productos, que representa el 4.2% de las exportaciones, ya confirmó su exención: aguacate Hass, café sin tostar descafeinado, carbón térmico, betún asfáltico y platino en bruto o en polvo. Sin embargo, la situación es más compleja para el 63.6% restante de esa canasta, que incluye café verde no descafeinado, petróleo, oro, banano, cacao y extractos de café. Estos requieren validaciones técnicas adicionales, ya que su tratamiento arancelario definitivo depende de códigos específicos del Sistema Arancelario Armonizado de los Estados Unidos (HTSUS) utilizados en cada declaración de importación.

En el lado opuesto, sectores significativos ya están sujetos al gravamen del 10%. Las flores cortadas, el aceite de palma y los transformadores eléctricos, que en conjunto constituyen el 28.4% de las ventas colombianas a Estados Unidos, deberán absorber este costo adicional. Para el sector floricultor, representado por Asocolflores, el panorama no cambia de manera dramática en el corto plazo, pues ya enfrentaba un arancel similar desde agosto de 2025. No obstante, su presidente, Augusto Solano, ha señalado que un eventual incremento al 15% obligaría al gremio a replantear la distribución de ese 5% adicional entre los actores de la cadena.

La superposición que neutraliza el TLC

Uno de los aspectos más críticos de esta medida es su interacción con el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre Colombia y Estados Unidos. Expertos legales como María Paula Sánchez, socia de Posse Herrera Ruiz, explican que este arancel universal opera como un "recargo de emergencia" que históricamente se superpone a los beneficios pactados en los acuerdos comerciales. En la práctica, esto significa que la tarifa del 0% consagrada en el TLC se transforma, durante la vigencia de la medida, en un 10% efectivo. La consecuencia directa es una pérdida inmediata de competitividad para los productos colombianos que compiten en el mercado estadounidense con bienes provenientes de socios como México y Canadá, quienes también están sujetos al TLC pero podrían enfrentar dinámicas diferentes.

Esta superposición crea una distorsión temporal pero significativa. Nicolás Potdevin, socio de Pérez-Llorca / Gómez-Pinzón, coincide en que el anuncio introduce un mayor nivel de riesgo comercial más que un choque estructural inmediato, dado que el marco del tratado permanece. Sin embargo, para sectores con márgenes ajustados o alta sensibilidad al precio, como las confecciones, textiles, y manufacturas de cuero y calzado –este último identificado como de alto riesgo por su condición de bien de consumo final–, el impacto puede ser tangible. La industria textil colombiana, en particular, quedaría en una posición de vulnerabilidad frente a competidores de Centroamérica.

La ventana de oportunidad y los desafíos globales

La medida tiene una vigencia inicial de cinco meses, contados a partir del 24 de febrero de 2026. Este periodo de 150 días es descrito por María Claudia Lacouture, presidenta ejecutiva de AmCham Colombia, como el tiempo que tiene el país para "jugar bien sus cartas". La recomendación central es que Colombia debe actuar con celeridad para presentar y consolidar su "Caso Colombia" ante las autoridades estadounidenses, buscando diferenciarse y asegurar las mejores condiciones posibles antes de que el esquema arancelario migre, potencialmente, hacia mecanismos más estables y selectivos por producto, sector o país.

Paralelamente, el escenario global presenta dinámicas paradójicas. José Ignacio López, presidente de Anif, advierte que la medida no es favorable para Colombia, ya que beneficia a competidores asiáticos. Países como Vietnam, que enfrentaba aranceles específicos del 46% reducidos al 20% tras un acuerdo, o China, verían relativamente mejorada su posición si se formaliza la tasa universal del 15%, al enfrentar una carga menor a la negociada previamente. Además, la orden ejecutiva mantiene la suspensión del trato de minimis para envíos de bajo valor, lo que afecta directamente a las Pymes colombianas que venden al consumidor final en Estados Unidos, obligándolas no solo a pagar el recargo sino a someterse a trámites aduaneros más rigurosos.

En conclusión, el reloj comercial ha comenzado a correr para Colombia. Los próximos cinco meses serán cruciales para la diplomacia económica, la clarificación técnica de las exenciones y la estrategia sectorial. El objetivo será minimizar la erosión competitiva en el mercado más importante para las exportaciones nacionales y preparar el terreno para un panorama post-emergencia que, según los analistas, podría estar marcado por reglas más permanentes y diferenciadas.


Según información publicada por El Tiempo: https://www.eltiempo.com/economia/sectores/estos-son-los-productos-que-pagarian-el-nuevo-arancel-universal-del-10-en-estados-unidos-y-sus-efectos-sobre-colombia-3534839

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