El modus operandi de las 'Goteras' en la capital: un riesgo letal que exige prevención
Un nuevo incidente registrado el 9 de marzo en un hotel de la colonia Atlampa, alcaldía Cuauhtémoc, donde un hombre fue hallado sin vida y otro resultó herido, reactiva la alerta sobre el grupo delictivo conocido como 'Goteras'. Este colectivo, mayoritariamente femenino, opera en la Ciudad de México y zonas aledañas, empleando sustancias como gotas oftálmicas o medicamentos controlados para drogar a sus víctimas en bares, clubes nocturnos o mediante citas, con el fin de robarles. La problemática ha reportado casos mortales, elevando la preocupación ciudadana e institucional. Las autoridades, incluyendo la Secretaría de Seguridad Ciudadana y la Fiscalía de la CDMX, buscan a tres mujeres vinculadas al último ataque, quienes habrían conocido a las víctimas en un bar de Ecatepec.
Un patrón criminal con consecuencias fatales
La operación de las 'Goteras' trasciende el robo común, configurándose como una amenaza a la integridad física. Su método se basa en la administración subrepticia de sustancias psicoactivas en las bebidas de hombres, frecuentemente adultos jóvenes que se encuentran solos en contextos de ocio nocturno. La selección de víctimas suele incluir turistas extranjeros o personas con aparente alto poder adquisitivo, aunque el riesgo se extiende a un perfil más amplio. El objetivo inmediato es el despojo de pertenencias, pero el uso de drogas conlleva un peligro inherente: dosis excesivas pueden derivar en paros respiratorios, estados de coma o, como se ha documentado, la muerte.
La química del delito: sustancias y vulnerabilidad
El arsenal utilizado por estas delincuentes es diverso y accesible. No se limitan a un solo tipo de droga; emplean desde gotas oftálmicas hasta medicamentos para la ansiedad, alucinógenos, estimulantes y otras sustancias psicoactivas controladas. Estas compuestos no solo inducen un sueño profundo, sino que alteran el comportamiento y generan un estado de vulnerabilidad extrema en la víctima, facilitando el robo y, en muchos casos, el traslado de la persona a moteles o domicilios sin que oponga resistencia. La rapidez con que actúan estas sustancias deja un margen de reacción mínimo para quien las ingiere.
Estrategias de prevención en el entorno social
Frente a esta modalidad delictiva, la prevención personal y colectiva se vuelve fundamental. La primera recomendación es evitar salir de fiesta solo; la compañía de amigos o conocidos actúa como un factor disuasorio y de apoyo. Es crucial mantener a familiares o contactos de confianza informados sobre la ubicación y los planes, estableciendo puntos de contacto periódicos. Dentro del grupo, se debe vigilar especialmente a quien muestre signos de embriaguez extrema o comportamiento inusual, ya que puede convertirse en un blanco fácil para los atacantes. La solidaridad grupal es una barrera efectiva.
Vigilancia activa sobre el consumo de bebidas
El momento crítico de la intervención suele ser la adulteración de la bebida. Para mitigar este riesgo, se aconseja consumir únicamente bebidas cuyas botellas estén selladas y sean abiertas frente a la persona. En el caso de cócteles o preparaciones especiales, es preferible observar directamente su elaboración, idealmente por un bartender de confianza. Bajo ninguna circunstancia se debe descuidar el vaso o copa; si se pierde de vista, lo más seguro es desechar su contenido. Cualquier cambio inusual en el sabor, color o consistencia de la bebida debe tomarse como una señal de alerta para no consumirla. Estas prácticas, aunque simples, pueden marcar la diferencia.
La respuesta institucional y el camino a seguir
El nuevo caso del Hotel Jacarandas, captado por cámaras de seguridad, ha puesto nuevamente el foco en la necesidad de una respuesta coordinada. La Secretaría de Seguridad Ciudadana y la Fiscalía de la CDMX han emprendido la búsqueda de las tres mujeres presuntamente involucradas. Sin embargo, la naturaleza del delito, que se aprovecha de la confianza y los entornos sociales, plantea un desafío complejo para las autoridades. Más allá de la persecución penal, se requiere una campaña de concientización permanente sobre los riesgos y las medidas de autoprotección, dirigida tanto a residentes como a visitantes de la capital y su zona metropolitana.
Con información de El Informador