La era de la peligrosidad: Colombia ante un escenario global sin reglas claras
El análisis del internacionalista Juan Tokatlián, en diálogo con Mauricio Reina, señala que el mundo ha ingresado en una nueva etapa de relaciones internacionales caracterizada por la 'peligrosidad'. Este contexto, marcado por acciones unilaterales como las recientes intervenciones de Estados Unidos en Venezuela e Irán que cuestionan el derecho internacional, plantea desafíos críticos para el próximo gobierno colombiano. En un año electoral, se destaca la necesidad de reevaluar estratégicamente la relación con Washington, especialmente ante indicios de posibles injerencias en procesos democráticos regionales. La volatilidad geopolítica, evidenciada por el alza del 30% en el precio del petróleo debido al conflicto en Oriente Medio, exige una diplomacia cautelosa y pragmática.
Un nuevo orden sin brújula normativa
Las recientes acciones militares y políticas emprendidas por la administración del presidente Donald Trump han configurado un escenario global que los analistas comienzan a denominar como la 'era de la peligrosidad'. Este concepto alude a un período donde las normas establecidas del derecho internacional se erosionan en favor de un unilateralismo que prioriza la fuerza y la conveniencia política inmediata. Los eventos en Venezuela a principios de enero y los posteriores en Irán, que desencadenaron una respuesta militar y elevadas tensiones en el Golfo, operan bajo una lógica que desafía los principios de soberanía y la necesidad de evidencia de una amenaza inminente para justificar una intervención. Este marco, carente de los controles tradicionales, introduce un nivel de imprevisibilidad y riesgo sistémico no visto en décadas.
América Latina en la mira de la volatilidad
Para América Latina, esta nueva dinámica implica navegar aguas particularmente turbulentas. La región no es ajena a las acciones de Washington, como lo demuestran los casos de apoyo económico en las elecciones parlamentarias de Argentina y las manifestaciones de simpatía por candidatos específicos en Honduras. En 2026, con procesos electorales cruciales en países como Colombia, Brasil y Perú, la pregunta sobre los límites de la intervención estadounidense se vuelve urgente. La debilidad relativa de las instituciones multilaterales y la erosión del derecho internacional dejan a los estados nacionales con menos herramientas para blindar su autonomía política. La coyuntura exige de los gobiernos latinoamericanos una evaluación fría de sus alianzas y una defensa activa, aunque compleja, de sus procesos democráticos internos.
Colombia ante una encrucijada estratégica
El próximo presidente de Colombia heredará el reto de redefinir la relación con Estados Unidos en este contexto de peligrosidad. Tradicionalmente un aliado cercano, el país debe ahora calibrar su diplomacia ante una potencia que muestra disposición a actuar fuera de los marcos convencionales y a involucrarse en asuntos políticos domésticos. La visita del presidente Gustavo Petro a Washington pudo haber sido un intento de gestionar este riesgo, pero la incertidumbre persiste. El análisis sugiere que cualquier resultado electoral en Colombia que sea percibido como adverso a los intereses de la actual administración estadounidense podría reactivar una actitud de 'alerta' e incluso de mayor presión. La tarea será, por tanto, construir una relación que proteja la soberanía nacional sin incurrir en un aislamiento costoso, reconociendo el peso aún determinante de Washington en el escenario global.
Consecuencias económicas y la búsqueda de estabilidad
La inestabilidad geopolítica tiene un correlato económico directo e inmediato. La guerra en Oriente Medio, exacerbada por las acciones recientes, provocó que los precios del petróleo experimentaran un aumento cercano al 30% en una sola semana. Para economías importadoras de hidrocarburos y aún en recuperación, como muchas en la región, esta volatilidad representa un golpe severo. Más allá de lo económico, la pregunta fundamental es si es posible revertir el deterioro del orden internacional. Los expertos señalan que esto dependería de la capacidad de actores clave, incluyendo potencias medias y alianzas regionales, para insistir en el cumplimiento de las normas y reconstruir espacios de diálogo multilateral. Para Colombia, esto implica no solo una relación bilateral con EE.UU., sino una activa participación en foros que puedan, con el tiempo, restaurar ciertos niveles de predictibilidad y respeto por el derecho internacional en un mundo que ha entrado en una zona de alto riesgo.
Con información de El Tiempo