La sofisticación digital del crimen organizado: hackers y comunicaciones encriptadas
Tras la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, 'El Mencho', han salido a la luz detalles sobre la sofisticada infraestructura digital del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Documentos contables incautados revelan una nómina estructurada para hackers, con pagos que ascendieron a 630 mil pesos en diciembre del año pasado para siete especialistas en informática. Estas partidas incluían salarios, viáticos, mantenimiento de equipos y vehículos. Además, se confirma el uso de la aplicación de mensajería encriptada Threema para las comunicaciones internas del grupo, con un desembolso de 4 mil 800 pesos por 25 cuentas. Esta información preliminar, obtenida por El Universal, dibuja un panorama donde el crimen organizado adopta herramientas tecnológicas para operaciones ilícitas como fraudes financieros y vulneración de sistemas gubernamentales.
La nómina digital del CJNG
Los registros contables asociados a Nemesio Oseguera Cervantes detallan una inversión calculada en ciberseguridad y operaciones digitales. En diciembre del año pasado, el cártel destinó un total de 630 mil pesos al pago de siete piratas informáticos. Los documentos desglosan partidas específicas: 250 mil pesos para un hacker en la primera semana de ese mes, y 244 mil 536 pesos para otro experto en seguridad informática en el mismo periodo. Además, se registran gastos menores pero significativos, como 5 mil pesos para mantenimiento de equipo y automóvil, y 3 mil 827 pesos etiquetados como 'mandado hacker'. Estos datos evidencian una estructura de gasto organizada y recurrente, lejos de ser esporádica.
Threema: el canal de comunicación blindado
La comunicación interna del CJNG opera a través de canales encriptados. La aplicación de mensajería Threema, catalogada como una de las más seguras del mundo, es la herramienta elegida. Los mismos registros financieros muestran un pago de 4 mil 800 pesos por 25 cuentas de esta plataforma en diciembre. Este gasto refleja una preocupación constante por la privacidad y la evasión de la interceptación de comunicaciones por parte de las autoridades. La elección de Threema no es casual, sino una decisión estratégica para blindar las órdenes y coordinaciones entre operadores y jefes de plaza.
El alcance de las operaciones cibernéticas
Las tareas encomendadas a estos hackers trascienden la mera protección de datos. Según las autoridades federales, el objetivo es vulnerar sistemas financieros y de dependencias de seguridad del gobierno para robar información privilegiada y cometer fraudes. Los modus operandi identificados incluyen el robo de identidad, fraudes de tiempos compartidos, estafas de asistencia técnica y pagos por adelantado. En marzo de 2024, Interpol advirtió en un informe que el CJNG está involucrado en fraudes financieros globales, destacando la conexión entre estos delitos y la trata de personas, donde víctimas son forzadas a cometer estafas sentimentales o de inversión.
Un fenómeno en expansión
La ciberdelincuencia organizada no es exclusiva del CJNG. Autoridades señalan que otros grupos, como el Cártel de Sinaloa, también reclutan desde hace años a jóvenes expertos en informática. Un caso emblemático ocurrió en junio de 2025, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos detectó que un hacker al servicio del Cártel de Sinaloa utilizó el sistema de videovigilancia de la Ciudad de México para seguir a un agente del FBI e identificar a sus contactos. Este incidente subraya la capacidad de estos grupos para infiltrarse en infraestructura crítica urbana, transformando la tecnología de seguridad pública en una herramienta de inteligencia criminal.
La respuesta institucional y el contexto futuro
La revelación de estos métodos ocurre en un momento donde la seguridad nacional y la imagen internacional de México están bajo escrutinio, en vísperas de eventos globales como la Copa Mundial de Fútbol de 2026. La sofisticación tecnológica exhibida por el crimen organizado representa un desafío de primer orden para las agencias de seguridad, que deben escalar sus capacidades forenses digitales y de ciberseguridad. La lucha ya no se libra solo en el territorio físico, sino en el espacio digital, donde los carteles buscan anonimato, eficiencia y un nuevo campo para la extorsión y el fraude a gran escala.
Con información de El Informador