La tragedia que ensombreció la primera expedición femenina mexicana a las Rocallosas

Mar 8, 2026 - 19:20
La tragedia que ensombreció la primera expedición femenina mexicana a las Rocallosas

En julio de 1954, siete montañistas mexicanas, seleccionadas por su experiencia y moral, emprendieron la Primera Expedición Femenina Mexicana a las Montañas Rocallosas de Canadá. Su objetivo era reivindicar el lugar de la mujer en el alpinismo nacional, tras meses de meticuloso entrenamiento supervisado por figuras como Roberto Mangas. La expedición, comandada por Ofelia Fernández e incluyendo a María García, Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila, Margarita Vivanco, Beatriz Díaz y Carmen Rubio, partió con un asesor técnico, Eduardo San Vicente. El 30 de julio, tras coronar el Monte Victoria, una cordada de cuatro personas —San Vicente, Ocaranza, Fabila y Díaz— se desprendió durante el descenso, cayendo más de 500 metros y falleciendo. El suceso, una tragedia nacional, frenó temporalmente las expediciones femeninas organizadas, aunque no extinguió la presencia de mujeres en el montañismo mexicano.

Un proyecto pionero en una década de apertura

La década de 1950 se presentaba como un periodo de avance para las mujeres mexicanas, con el derecho al voto recién conquistado y una incipiente inclusión en ámbitos tradicionalmente masculinos. En este contexto, el montañismo nacional gestó un proyecto audaz: la Primera Expedición Femenina Mexicana. La idea, promovida por el experimentado alpinista Roberto Mangas, buscaba demostrar que las mujeres del país poseían las facultades físicas y morales para destacar en el deporte internacional. El objetivo concreto era plantar la bandera mexicana en cumbres extranjeras, específicamente en los picos Victoria, Lefroy y Eisenhower de las Montañas Rocallosas canadienses, en un lapso de solo siete días.

La rigurosa selección y el entrenamiento de las elegidas

La conformación del equipo no fue casual. Se preseleccionó a nueve mujeres basándose en un riguroso récord de excursiones, compañerismo y moralidad, todas respaldadas por sus clubes de excursionismo. Entre ellas destacaban figuras como Ofelia Fernández, reina del Club de Exploraciones de México; Lucía Ocaranza, Reina del Excursionismo Mexicano; y montañistas de la Liga del Seguro Social, la Cruz Roja y otros grupos. El requisito mínimo era contar con 20 ascensiones a montañas de más de 5,000 metros. El entrenamiento, iniciado en enero de 1954 y supervisado por Eduardo San Vicente y Eduardo Palomé, se centró menos en la técnica —ya dominada— y más en la cohesión grupal. Incluyó pruebas en el Ajusco, zonas rocosas, montañas nevadas y una estancia de cuatro días en el Iztaccíhuatl para simular las condiciones de campamento y escalada en conjunto.

El ascenso a la cumbre y el fatídico descenso

Finalmente, siete alpinistas, junto al asesor técnico Eduardo San Vicente, partieron de la Ciudad de México el 17 de julio de 1954. Tras un largo viaje en ferrocarril, llegaron al Refugio del Paso Abbot en el Parque Nacional Banff el 28 de julio. Tras los preparativos, y con Margarita Vivanco quedándose en el refugio por una lesión, dos cordadas iniciaron el ascenso al Monte Victoria el 30 de julio. Una, encabezada por San Vicente, incluía a Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila y Beatriz Díaz. La otra, comandada por la jefa de expedición Ofelia Fernández, integraba a María García y Carmen Rubio. Ambas cordadas alcanzaron la cumbre con apenas minutos de diferencia alrededor del mediodía. Sin embargo, durante el descenso, la cordada de San Vicente, que llevaba la delantera, se desprendió súbitamente. Pese a los esfuerzos por detenerse con los piolets, los cuatro integrantes cayeron por un desfiladero del glaciar, impactando contra las rocas. La caída, estimada en más de 500 metros, fue fatal.

Las consecuencias de una tragedia nacional

Las tres sobrevivientes, con esfuerzos sobrehumanos y auxiliadas posteriormente por rescatistas locales, lograron regresar al refugio. Los cuerpos de las víctimas fueron recuperados casi 24 horas después. La noticia conmocionó a México. El presidente Adolfo Ruiz Cortines dispuso aviones oficiales para repatriar los restos y a las expedicionarias sobrevivientes. El 5 de agosto, una multitud de aproximadamente cuatro mil personas recibió en el Aeropuerto Central los féretros y a las alpinistas, quienes llegaron visiblemente afectadas. La tragedia tuvo un efecto inmediato en el montañismo femenino organizado. Según el experto Enrique Chávez Poupard, se frenó el impulso de las expediciones femeninas hasta la década de 1960. No obstante, la pasión por las alturas persistió en mujeres como Ofelia Fernández, quien continuó escalando hasta 1959. La expedición, pese a su desenlace trágico, quedó inscrita en la historia como un testimonio de valor y ambición que, en otras circunstancias, pudo haber abierto puertas a cumbres continentales y del Himalaya para las alpinistas mexicanas.


Con información de El Informador

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