México ante una crisis histórica: más del 75% de adultos con sobrepeso u obesidad
Las cifras oficiales de finales de 2025 confirman un panorama alarmante: el 76.2% de la población adulta en México presenta sobrepeso u obesidad, una proporción que sitúa al país entre los de mayor prevalencia mundial. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2023, esta cifra se desglosa en un 37.3% con sobrepeso y un 38.9% con obesidad. El Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas advierte que los programas de prevención han sido insuficientes para frenar esta epidemia, la cual genera una carga económica severa para las familias y el sistema de salud, además de estar vinculada a múltiples comorbilidades crónicas.
Una epidemia que redefine la salud pública nacional
La dimensión del problema trasciende las estadísticas para convertirse en un desafío estructural. Con tres de cada cuatro mexicanos adultos afectados, el sobrepeso y la obesidad han dejado de ser condiciones aisladas para configurar una norma poblacional con profundas implicaciones. Esta realidad, confirmada por las cifras históricas alcanzadas a finales de 2025, evidencia el fracaso relativo de las políticas implementadas hasta la fecha y exige un replanteamiento integral de las estrategias de salud pública.
Las proyecciones globales y el lugar de México
El contexto internacional no ofrece consuelo. El Atlas Mundial de Obesidad 2025 proyecta que, de no mediar acciones contundentes, cerca de tres mil millones de adultos en el planeta vivirán con sobrepeso u obesidad para 2030. Lo más preocupante es que se estima que más del 79% de estos casos se concentrarán en países de ingresos bajos y medios, categoría en la que se encuentra México. Esta proyección subraya la naturaleza socioeconómica del fenómeno y anticipa una presión insostenible sobre los sistemas de salud de estas naciones.
Desmontando mitos: la obesidad como enfermedad multifactorial
Expertos del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas insisten en un cambio de paradigma. La obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica compleja, generada por una intrincada red de factores genéticos, hormonales, ambientales y conductuales. Reducirla a una simple consecuencia de los hábitos alimenticios es un error que ha obstaculizado el diseño de soluciones efectivas. Su tratamiento demanda un enfoque integral que combine prevención, educación, intervención clínica especializada y políticas públicas coherentes y sostenidas.
El alto costo humano y económico de la comorbilidad
El impacto va mucho más allá de la medición del índice de masa corporal. Esta condición es un detonante principal de enfermedades que configuran las principales causas de muerte y discapacidad en el país: diabetes, hipertensión arterial, cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y trastornos metabólicos hepáticos. Cada uno de estos diagnósticos representa un deterioro severo en la calidad de vida de los pacientes y un gasto familiar y institucional monumental. El sistema de salud nacional enfrenta el reto creciente de manejar esta cascada de complicaciones, con recursos que ya evidencian signos de tensión.
La cirugía bariátrica: una herramienta en el arsenal terapéutico
En este escenario, la cirugía bariátrica de mínima invasión ha emergido como una opción segura y efectiva para casos específicos de obesidad. Investigaciones recientes destacan su capacidad no solo para facilitar una pérdida de peso significativa y sostenida, sino también para mejorar marcadores metabólicos, elevar la calidad de vida de los pacientes y reducir la incidencia de enfermedades crónicas asociadas. Su implementación estratégica puede aliviar parte de la carga económica, al disminuir la frecuencia y severidad de las afecciones vinculadas.
Hacia una respuesta multisectorial urgente
La magnitud de la crisis exige una respuesta que desborda el ámbito meramente médico. El llamado del CMCOEM es claro: se requieren esfuerzos multisectoriales que involucren de manera coordinada al gobierno en todos sus niveles, al sector privado, a las organizaciones de la sociedad civil y a la comunidad académica. Colocar la obesidad en el centro de la agenda de salud pública implica desarrollar programas completos que aborden desde la prevención primaria en escuelas y comunidades hasta el acceso a tratamientos especializados, pasando por la regulación de la publicidad de alimentos ultraprocesados y el fomento de entornos urbanos saludables.
Un llamado a la acción inmediata y colectiva
El momento de actuar es ahora. Cada mes de retraso en la implementación de una estrategia nacional robusta se traduce en miles de nuevos casos y en el agravamiento de los existentes. La responsabilidad es compartida: mientras las autoridades deben generar las políticas y los marcos normativos, la población tiene el deber de informarse, adoptar hábitos más saludables en la medida de lo posible y exigir entornos que faciliten esas decisiones. Superar esta epidemia requiere, más que nunca, de un pacto social por la salud.
Con información de El Informador