Un acuerdo hemisférico excluyente: la nueva estrategia de EE.UU. contra el narcoterrorismo
Estados Unidos ha firmado un tratado con varios países de América Latina para combatir el narcoterrorismo, en un movimiento que precede a una cumbre liderada por el presidente Donald Trump con mandatarios de la derecha regional. La ausencia de Colombia, México y Brasil, no invitados a la firma, dibuja un mapa de alianzas selectivo y plantea interrogantes sobre la cohesión del enfoque continental. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, anfitrión de la Conferencia Anticártel de las Américas en Florida, ha declarado que el hemisferio occidental está unido bajo este liderazgo, al tiempo que ha advertido de la posibilidad de acciones militares unilaterales de Washington contra los carteles. Este desarrollo se produce en un contexto de noticias paralelas, como la petición de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, para desestimar una acusación por narcoterrorismo en EE.UU.
Una firma con ausencias notorias
La reciente firma de un tratado entre Estados Unidos y un grupo de naciones latinoamericanas marca un punto de inflexión en la estrategia regional contra el narcoterrorismo. El acto, celebrado en Doral, Florida, bajo el marco de la Conferencia Anticártel de las Américas, buscaba proyectar una imagen de unidad hemisférica. Sin embargo, la exclusión de tres de los países más poblados y con mayor relevancia geopolítica en la región –Colombia, México y Brasil– socava desde el inicio esa narrativa de consenso amplio. Esta selección de socios sugiere una alineación basada en afinidades políticas coyunturales más que en un análisis integral de la lucha contra el crimen organizado transnacional.
El telón de fondo político: la cumbre de Trump
El acuerdo no es un evento aislado, sino el preámbulo de una cumbre convocada por el presidente Donald Trump junto a mandatarios identificados con la derecha latinoamericana. Este contexto político es fundamental para entender la composición del bloque firmante. La iniciativa parece enmarcarse en un esfuerzo por consolidar un eje de cooperación de seguridad que refleje alineamientos ideológicos específicos, dejando fuera a gobiernos con posturas diferentes o relaciones más complejas con Washington. Esta aproximación podría fragmentar los mecanismos de cooperación multilateral existentes, introduciendo una nueva variable de división en la política interamericana.
La advertencia unilateral de Hegseth
Durante la conferencia, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, envió un mensaje de doble filo. Por un lado, proclamó la unidad del hemisferio bajo el liderazgo de Trump contra el narcoterrorismo. Por otro, realizó una advertencia explícita: Washington está preparado para lanzar una ofensiva militar en solitario contra los carteles del narcotráfico si los países de la región no responden de manera adecuada a sus expectativas. Esta declaración, que evoca la doctrina de la acción preventiva o unilateral, introduce un elemento de coerción y condicionalidad en la cooperación, transformando el tratado de un pacto entre iguales a un instrumento bajo la sombra de una amenaza de intervención.
El escenario venezolano y las contradicciones
Mientras se desarrollaba esta conferencia en Florida, desde Venezuela surgían noticias que ilustran la complejidad del fenómeno. Cilia Flores, esposa del presidente Nicolás Maduro, solicitaba a un tribunal estadounidense desestimar su acusación por narcoterrorismo, alegando falta de recursos para pagar abogados. Paralelamente, la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez pedía acelerar la reforma de la Ley de Minas, en medio de la visita del secretario de Interior de Estados Unidos. Estos hilos sueltos muestran cómo la lucha contra el narcoterrorismo se entrelaza con la geopolítica, los procesos judiciales extraterritoriales y las dinámicas internas de los países, desafiando cualquier enfoque simplista o meramente militar.
Un nuevo capítulo de incertidumbre
La firma de este tratado, con sus notorias exclusiones y su marco de advertencias unilaterales, inaugura un capítulo de incertidumbre en la seguridad hemisférica. La promesa de unidad choca con la realidad de un acuerdo selectivo. La retórica de cooperación se ve matizada por la amenaza de acciones militares independientes. La efectividad de una estrategia que deja fuera a actores clave en la cadena del narcotráfico y el terrorismo es, cuando menos, cuestionable. Más que un punto final, este evento parece ser el inicio de una nueva etapa, donde las viejas políticas de guerra contra las drogas se recombinan con realineamientos políticos, creando un panorama fragmentado y potencialmente más volátil para el continente.
Con información de El Tiempo